concept: Fuentes

  • Fuentes misioneras para la historia indígena

    Fabián R. Vega
    Universidad Nacional de San Martín, Argentina

    La conquista de América por los imperios ibéricos estuvo estrechamente ligada a la evangelización de las poblaciones indígenas. Desde finales del siglo XV, las bulas alejandrinas concedieron a la Corona de Castilla el dominio sobre territorios en América y Asia, con la condición de convertir al cristianismo a sus habitantes. Más allá de los debates y polémicas de la primera mitad del siglo XVI, los indígenas fueron oficialmente considerados paganos, es decir, no herejes que hubieran rechazado el cristianismo —como musulmanes o judíos—, sino pueblos que nunca habían tenido contacto con él. En teoría, esto implicaba que debían ser evangelizados de manera pacífica. Sin embargo, el clero secular, bajo la autoridad directa de los obispos, era insuficiente para esta tarea. Por ello, la Corona recurrió a distintas órdenes religiosas —como jesuitas, franciscanos y dominicos— para llevar adelante la instrucción cristiana de los indios. Paralelamente, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, la administración colonial llevó a cabo una profunda reorganización del espacio habitado por la población indígena, estableciendo lo que se conoce como reducciones en el Virreinato del Perú y congregaciones en el de Nueva España.  En este contexto, lo que la historiografía entiende por “misión de población indígena” corresponde a una reducción o congregación cuya parroquia estaba administrada por una orden religiosa, que en algunos casos también influía en la gestión política y económica del asentamiento. Aunque varias órdenes asumieron esta labor, las misiones jesuíticas fueron las más exitosas. A mediados del siglo XVIII, la Compañía de Jesús dirigía pueblos en regiones como los ríos Paraná y Uruguay, Chiquitos, Moxos, Chaco, Chiloé, Bío-Bío, Maynas, Los Llanos-Casanare, Orinoco, Baja California, Tarahumara, Sinaloa y Sonora, entre otros. A estas misiones me referiré a lo largo de la entrada.  

    La escritura desempeñó un papel fundamental en las misiones por cuatro razones principales. En primer lugar, los propios misioneros dependían de ella a la hora de organizar su labor: la utilizaban para seguir reglas y preceptos, mantener la comunicación entre ellos y rendir informes a sus superiores, ya fueran los responsables de la misión, de la provincia o incluso de la orden en su conjunto. En segundo lugar, los jesuitas y otros religiosos se encargaron de transcribir y sistematizar las lenguas indígenas empleadas en la evangelización. El clero regular rechazó el uso del español en la conversión de los indios, lo que hizo imprescindible el dominio de sus lenguas. Sin embargo, aprenderlas resultaba una tarea ardua, por lo que los misioneros necesitaron materiales de estudio. Así, iniciaron un complejo proceso de escriturización, gramaticalización y estandarización de diversos idiomas indígenas, especialmente de aquellas “lenguas generales” que podían ser comprendidas por un amplio número de nativos, como el náhuatl, el quechua, el aymara, el tupí y el guaraní. En tercer lugar, los religiosos consideraban necesario que la escritura circulara al menos entre ciertos indios, pues esto facilitaba la aceptación de la autoridad de la palabra de Dios. En la medida en que el cristianismo es una religión del libro, comprender la escritura era fundamental para reconocer la naturaleza de su mensaje y la autoridad que la tradición cristiana otorga a los textos sagrados. Por último, el número de jesuitas en cada misión solía ser reducido, por lo que la colaboración de algunos indios resultaba indispensable. Las tareas de administración, contabilidad, liturgia e incluso gobierno exigían un manejo aceptable de la escritura, lo que impulsó la alfabetización de ciertos sectores de la población indígena.

    Como resultado, los contextos misionales se caracterizaron por una producción escrita relativamente abundante. Dentro de este corpus, los textos relevantes para una historia indígena pueden agruparse en cinco grandes conjuntos. El primero es la escritura edificante, que combinaba en distintos grados la descripción y la propaganda y que se formalizó en géneros textuales como crónicas, relaciones, cartas relatorias y cartas anuas[1]. Los misioneros redactaban regularmente informes sobre sus actividades, dirigidos en ocasiones a destinatarios específicos, aunque su circulación solía ser más amplia. Estos textos presentan una estructura relativamente estable: suelen incluir descripciones detalladas de la naturaleza y la geografía de los espacios misionales, reflexiones sobre las características de la población indígena y su disposición para la conversión y, finalmente, relatos acerca de los ministerios que los jesuitas desempeñaban. Una parte de esta producción alcanzó la imprenta, como en el caso de las historias oficiales de provincias, mientras que otra permaneció en formato manuscrito. Sin embargo, a lo largo de los siglos XIX y XX, historiadores, bibliófilos y eruditos han ido publicando muchos de estos documentos, e incluso existen antologías y selecciones que permiten a los lectores no especializados familiarizarse con sus rasgos y su utilidad historiográfica [2]. Desde una perspectiva histórica, estos textos constituyen las fuentes avant la lettre etnográficas más extensas sobre los contextos misionales, lo que los convierte en una referencia ineludible para la historia indígena. No obstante, presentan dos problemas fundamentales para la investigación. Por un lado, su información es en gran medida conocida y ha sido ampliamente explotada por la historiografía, lo que deja poco margen para estudios originales. Por el otro, su contenido está fuertemente condicionado por la retórica encomiástica propia de los jesuitas, lo que exige una lectura crítica de sus relatos.

    En segundo lugar, es importante destacar lo que podría denominarse escritura normativa de carácter reservado[3]. La gestión interna de las misiones dependía en gran medida de la escritura: reglas, órdenes, preceptos y memoriales regulaban la rutina reduccional. Si bien la Compañía de Jesús se regía por documentos normativos de alcance general, como las Constituciones y las Regulae Societatis Iesu, también existían instrucciones y preceptos específicos para cada contexto misional. Los provinciales y superiores de misión emitían órdenes breves de manera periódica. Además, los provinciales y generales enviaban cartas con normativas ad hoc, aplicables a diferentes contextos. A su vez, los provinciales canalizaban información normativa en los memoriales que redactaban tras sus visitas periódicas a las misiones. Con el tiempo los misioneros reorganizaban estas disposiciones y epístolas en compilaciones normativas, que podían incluir complejos índices y dispositivos para navegar la información. A diferencia de la producción edificante, estos textos nunca llegaron a la imprenta y permanecieron en circulación interna. A pesar de su valor historiográfico, la investigación sobre estos materiales sigue siendo muy limitada. Hasta ahora, solo se ha publicado información relativa al Paraguay y Nueva España y, aun así, su potencial ha sido poco explorado. Desde la perspectiva de la historia indígena, la escritura normativa reservada permite acceder a una dimensión menos visible en comparación con los documentos edificantes más conocidos. A través de estos textos, es posible rastrear la regulación jesuítica de la vida cotidiana indígena e identificar tensiones, conflictos y problemáticas en la relación entre misioneros e indios. 

    En tercer lugar, se encuentran los textos pastorales, que incluyen apuntes y libros lingüísticos [4]. Como mencioné previamente, las órdenes religiosas optaron por evangelizar en lenguas indígenas, en parte por una cuestión de economía de recursos: resultaba más eficiente que unos pocos misioneros aprendieran quechua antes que miles de indios adoptaran el español. En este marco, la distinción entre textos doctrinales y lingüísticos no era tajante. Diccionarios, gramáticas (o “artes de la lengua”), catecismos, libros espirituales, sermonarios, confesionarios y manuales litúrgicos formaban parte de un mismo proyecto orientado a proporcionar a los misioneros materiales de consulta y formación para su labor evangelizadora. Estos documentos circularon tanto en formato manuscrito como impreso. Cuando alcanzaban la imprenta, podían producirse en las propias misiones, en las capitales virreinales o incluso en Europa. Su vínculo con la historia indígena es evidente en tres aspectos. Primero, estos documentos conservan los idiomas indígenas tal y como existieron en el período colonial, es decir, no como lenguas “puras”, sino como duraderas e influyentes reconstrucciones derivadas del proceso de creación de lenguas cristianas y pastorales, en que los misioneros desempeñaron un papel fundamental. Segundo, estos volúmenes estaban diseñados para incidir directamente sobre la población indígena, lo que les otorga un carácter performativo, ya que reflejan las estrategias más exitosas para transmitir la doctrina cristiana. Tercero, muchos de estos textos surgieron del contacto directo con los indios: los rastros de sus creencias y prácticas pueden percibirse en la traducción de términos, en la selección de temas para los sermones y en las preguntas formuladas en los confesionarios. En este sentido, la colaboración de letrados indígenas fue significativa y los textos mencionan con frecuencia a informantes indígenas. En ocasiones, esta colaboración se convirtió incluso en autoría: en los pueblos de guaraníes, por ejemplo, varios indios escribieron libros y un cacique y músico, llamado Nicolás Yapuguay, llegó a redactar dos volúmenes que alcanzaron la imprenta.

    En cuarto lugar, cabe destacar los inventarios de las misiones. La mayoría de los que se conservan fueron elaborados en el contexto de la expulsión de los jesuitas del imperio español, entre 1767 y 1768, aunque algunos se redactaron en los años inmediatamente posteriores. Por orden de Carlos III, en efecto, los jesuitas fueron desterrados y la mayoría se exilió en la península itálica. Para financiar su mantenimiento, la Corona dispuso la venta de sus bienes muebles e inmuebles, lo que motivó la realización de inventarios sistemáticos en colegios y misiones, que reflejan el instante postrero de administración jesuítica de estas instituciones. Desafortunadamente, no incluyen las pertenencias de las casas de indios, dado que estas no fueron objeto de expropiación, pero en cualquier caso sí detallan los bienes muebles e inmuebles que pertenecían a la residencia de los jesuitas, a la iglesia, a los talleres de artesanías y a las estancias. Así, los inventarios incluyen información sobre edificios, ornamentos, alhajas, herramientas de trabajo manual, utensilios de cocina, vajilla, muebles, vestimenta, documentación de archivo, instrumentos musicales, huertas, ganado y libros. Los inventarios que han sido editados corresponden a los conjuntos misionales de los ríos Paraná y Uruguay, Chaco, Chiquitos, Moxos y Baja California[5]. La mayoría de los documentos originales se encuentran en el Archivo Nacional de Chile. Habían sido enviados al territorio español en el siglo XVIII, pero varias décadas más tarde el empresario y coleccionista Francisco Javier Brabo los recopiló y publicó parcialmente y, más tarde, se deshizo de ellos vendiéndolos al Estado chileno. Hoy forman parte del fondo Jesuitas de América, inscripto en el programa “Memoria del Mundo” de UNESCO y, en gran medida, digitalizado[6]. Desde la perspectiva de la historia indígena, estos inventarios permiten reconstruir la cultura material que rodeaba a una parte de la población indígena (al menos, a la élite y a los trabajadores artesanales) en las reducciones. Además, evidencian apropiaciones culturales por parte de los indígenas, por, ejemplo en el ámbito musical, y posibilitan amplias y precisas comparaciones regionales merced a su carácter serial y cuantificable.

    En quinto lugar, se encuentra el conjunto de materiales que puede denominarse escritura indígena [7]. Como mencioné anteriormente, la autoría y la colaboración indígena fueron fundamentales en la producción pastoral y lingüística. Sin embargo, la escritura indígena en contextos misionales trascendió estos ámbitos y se desplegó en otros espacios de producción textual, aunque a menudo resulta difícil trazar un límite preciso entre lo religioso y lo no religioso. Si bien la escritura occidental estuvo presente en diversas comunidades indígenas, en las misiones jesuíticas adquirió un peso particular debido al énfasis que los jesuitas ponían en la alfabetización como parte de su proyecto de conversión. No obstante, esta importancia no fue homogénea: hubo contextos misionales más propicios para el desarrollo de la escritura indígena que otros. Este fenómeno se manifestó con especial claridad en las reducciones de Chiquitos, Moxos y guaraníes. En el caso de las reducciones guaraníes, se conservan escritos de autoridades indígenas locales, incluidos caciques y cabildos. Destacan, por ejemplo, las célebres cartas dirigidas a las autoridades políticas en 1753 en el contexto de un conflicto fronterizo, así como documentos relacionados con la propia expulsión de los jesuitas (Imagen 1). El reciente proyecto Lenguas Generales de América del Sur (LANGAS) ha dado lugar a una base de datos digital parcial que contiene alrededor de ochenta textos en guaraní con estas características [8]. Alejados del ámbito estrictamente pastoral, estas fuentes reflejan la voz y la agencia indígena dentro de la documentación colonial, sus estrategias de resistencia y negociación frente a los poderes coloniales y la reinterpretación de conceptos, ideas y tradiciones occidentales.

    Quisiera cerrar esta entrada resaltando algunos aspectos clave. Antes que nada, es evidente que las fuentes misioneras ofrecen información fundamental para la historia indígena. Como ocurre con otros sectores subalternos, la historia indígena suele ser difícil de rastrear, permaneciendo en gran medida en las sombras. Las fuentes misioneras proporcionan una vía, aunque parcial y sesgada, para abordar esta problemática central de la investigación histórica. Su valor no radica únicamente en la abundancia de la escritura en estos contextos, sino, sobre todo, en el hecho de que algunos indios participaron directamente en los procesos escriturales que allí tenían lugar. Desde luego, ningún documento está exento de limitaciones. A pesar de su riqueza, las fuentes misioneras presentan sesgos evidentes. En la mayoría de los casos, reflejan la perspectiva de los jesuitas o de sus colaboradores más cercanos, como los indios que desempeñaban funciones religiosas. Incluso cuando la alfabetización —aunque limitada y restringida a ciertos grupos— permitió la producción de textos directamente indígenas, estos fueron elaborados por las autoridades locales, cuyas representaciones y prácticas diferían significativamente de las del resto de la población. Aun con estas limitaciones, las fuentes aquí exploradas siguen siendo una ventana crucial para el estudio de la historia indígena. El futuro de la investigación radica, por un lado, en ampliar el acceso a estos escritos mediante la creación de bases de datos, repositorios digitales y compilaciones documentales y, por otro, en profundizar el análisis de la agencia, la adaptación, la negociación, la resistencia, la intermediación cultural, las apropiaciones simbólicas, las dinámicas individuales y comunitarias, las expresiones lingüísticas y, en última instancia, la vida cotidiana de la población indígena que se manifiesta en sus páginas.

    Imagen 1. Carta en guaraní de Nicolás Ñeenguirú, cacique guaraní, al rey con posterioridad a la firma del Tratado de Madrid (1753) [9].

    Notas:

    [1] Dante Alcántara Bojorge, «El proyecto historiográfico de Claudio Aquaviva y la construcción de la historia de la Compañía de Jesús en la Nueva España a principios del siglo XVII», Estudios de Historia Novohispana 40 (2009): 57-80; Ernesto J. A. Maeder, «Las fuentes de la información sobre las misiones jesuíticas de guaraníes», Teología. Revista de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, n.o 50 (1987): 143-64.

    [2] Manuel M. Marzal, La utopía posible. Indios y jesuitas en la América colonial I (Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1992); Manuel M. Marzal, La utopía posible. Indios y jesuitas en la América colonial II (Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1994); Mauro Matthei, ed., Cartas e informes de misioneros jesuitas extranjeros en Hispanoamérica. Selección, traducción y notas. Primera parte, 1680-1699 (Santiago: Universidad Católica de Chile, 1969) y volúmenes subsiguientes.

    [3] Fabian Fechner, Fabián R. Vega, y Guillermo Wilde, Las técnicas del gobierno jesuítico. Circulación de información y toma de decisiones en Sudamérica (siglos XVII y XVIII) (Frankfurt: Max Planck Institute for Legal History and Legal Theory, en prensa); José Luis Narvaja, ed., Cartas de los Generales y Provinciales a los Misioneros de la Provincia del Paraguay. Edición crítica del manuscrito 6976 de la Biblioteca Nacional de España (Córdoba: Edición del autor, 2023); Josefina Piana y Pablo Cansanello, eds., Memoriales de la Provincia Jesuítica del Paraguay (siglos XVII-XVIII) (Córdoba: Editorial Universidad Católica de Córdoba, 2015); Charles Polzer, Rules and Precepts of the Jesuit Missions of Northwestern New Spain (Tucson, Arizona: The University of Arizona Press, 1976).

    [4] Alan Durston, Pastoral Quechua: The History of Christian Translation in Colonial Peru, 1550-1654 (Notre Dame: University of Notre Dame Press, 2007); Bartomeu Melià, La Lengua Guaraní en el Paraguay colonial (Asunción: Centro de Estudios Paraguayos Antonio Guasch, 2003).

    [5] Francisco Javier Brabo, ed., Inventarios de los pueblos de misiones (Madrid: Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra, 1872); Eligio Moisés Coronado, Descripción e inventarios de las misiones de Baja California, 1773 (Palma de Mallorca: Institut D’Estudis Baleàrics, 1987).

    [6] http://jesuitas.archivonacional.cl/ [consultado 01/03/2025].

    [7] Eduardo Neumann, Letra de Índios. Cultura escrita, comunicação e memória indígena nas Reduções do Paraguai (São Bernardo do Campo: Nhanduti, 2015); Akira Saito, «Las misiones y la administración del documento: El caso de Mojos, siglos XVIII-XX», en Usos del documento y cambios sociales en la historia de Bolivia, ed. Akira Saito y Clara López Beltrán (Osaka: National Museum of Ethnology, 2005), 27-72.

    [8] https://www.langas.cnrs.fr/#/recherche_corpus [consultado 01/03/2025].

    [9] Archivo Histórico Nacional (Madrid, España), Clero-Jesuitas, 120, número 38.

    Bibliografía:

    Alcántara Bojorge, Dante. 2009. “El proyecto historiográfico de Claudio Aquaviva y la construcción de la historia de la Compañía de Jesús en la Nueva España a principios del siglo XVII”. Estudios de Historia Novohispana 40: 57-80.

    Brabo, Francisco Javier, ed. 1872. Inventarios de los pueblos de misiones. Madrid: Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra.

    Coronado, Eligio Moisés. 1987. Descripción e inventarios de las misiones de Baja California, 1773. Palma de Mallorca: Institut D’Estudis Baleàrics.

    Durston, Alan. Pastoral Quechua: The History of Christian Translation in Colonial Peru, 1550-1654. 2007. Notre Dame: University of Notre Dame Press.

    Fechner, Fabian, Fabián R. Vega, y Guillermo Wilde. Las técnicas del gobierno jesuítico. Circulación de información y toma de decisiones en Sudamérica (siglos XVII y XVIII). Frankfurt: Max Planck Institute for Legal History and Legal Theory, en prensa.

    Maeder, Ernesto J. A. 1987. «Las fuentes de la información sobre las misiones jesuíticas de guaraníes». Teología. Revista de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina 50: 143-64.

    Marzal, Manuel M. 1992. La utopía posible. Indios y jesuitas en la América colonial I. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.

    ———. La utopía posible. Indios y jesuitas en la América colonial II. 1994. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.

    Matthei, Mauro, ed. 1969. Cartas e informes de misioneros jesuitas extranjeros en Hispanoamérica. Selección, traducción y notas. Primera parte, 1680-1699. Santiago: Universidad Católica de Chile.

    Melià, Bartomeu. 2003. La Lengua Guaraní en el Paraguay colonial. Asunción: Centro de Estudios Paraguayos Antonio Guasch.

    Narvaja, José Luis, ed. 2023. Cartas de los Generales y Provinciales a los Misioneros de la Provincia del Paraguay. Edición crítica del manuscrito 6976 de la Biblioteca Nacional de España. Córdoba: Edición del autor.

    Neumann, Eduardo. 2015. Letra de Índios. Cultura escrita, comunicação e memória indígena nas Reduções do Paraguai. São Bernardo do Campo: Nhanduti.

    Piana, Josefina, y Pablo Cansanello, eds. 2015. Memoriales de la Provincia Jesuítica del Paraguay (siglos XVII-XVIII). Córdoba: Editorial Universidad Católica de Córdoba.

    Polzer, Charles. 1976. Rules and Precepts of the Jesuit Missions of Northwestern New Spain. Tucson, Arizona: The University of Arizona Press.

    Saito, Akira. 2005. «Las misiones y la administración del documento: El caso de Mojos, siglos XVIII-XX». En Usos del documento y cambios sociales en la historia de Bolivia, editado por Akira Saito y Clara López Beltrán, 27-72. Osaka: National Museum of Ethnology.

  • Fontes para a história indígena:América Portuguesa

    Ângela Domingues
    Centro de História da Universidade de Lisboa, Portugal

    Os documentos que se preservam nos arquivos coloniais e noutras instituições de memória são fundamentais para estudarmos o passado e pensarmos o futuro das comunidades indígenas; e para conhecermos as relações e interações que, ao longo do tempo, os indígenas desenvolveram com o ambiente e com os europeus, africanos e asiáticos no continente americano e no mundo atlântico. As fontes para a história indígena constituem-se em informação imprescindível para a investigação científica e para a construção das memórias e das histórias locais e nacionais. São de natureza textual (manuscritos e impressos), visual (cartografia, iconografia, objetos, etc.), oral (mitos, rituais, narrativas, saberes tradicionais); têm contextos cronológicos e espaciais muito amplos; são extremamente diversificadas na forma e no conteúdo; e, na maioria dos casos, são reflexos ideológicos, intelectuais e das práticas de poderosos projetos de colonização desenvolvidos em solo americano a partir do século XV.

    As fontes de que atualmente dispomos para estudar a história indígena levantam alguns problemas. Antes de mais, porque os arquivos coloniais, enquanto instituições de memória, detêm e preservam muitas das fontes que utilizamos para escrever a história indígena. E como tal, não escapam aos debates que se têm estabelecido em torno do património colonial e de problemas extremamente sensíveis e complexos que estão associados às restituições e compensações das populações extraeuropeias pelos europeus.  Estes debates levam a que as instituições que detêm materiais relacionados com os indígenas e com as suas formas de estar, saber e fazer, reflitam, de forma critica, sobre o seu papel na preservação e no cuidado que devem ter com estas fontes, às quais devem conferir dignidade e respeito. E ponderem na forma como as devem preservar e disponibilizar, para que as memórias e os saberes ancestrais possam ser acessíveis às gerações atuais e possam ser relacionados com o passado para fundamentar a história, a identidade, a territorialidade e a cultura destes povos; e como as devem transmitir às gerações presentes e futuras, conectando-as com o passado, a família e a comunidade (Thorpe 2024, 126-7). Esta é uma questão intrincada que pode ser articulada com a “ciência-cidadã” e o “ativismo arquivístico”, e também com a necessidade de repensar os arquivos “fora da História” e de descolonizar as práticas da história e da memória social, e as próprias fontes (v. arquivos).

    Seguidamente, importa sublinhar que as fontes para a história indígena não constituem núcleos coesos e concentrados nos arquivos coloniais, nem estão organizadas de forma autónoma e temática. Os indígenas da América portuguesa não produziram “arquivos nativos”, nem a informação de natureza colonial deu origem a núcleos documentais específicos. As fontes para a história indígena têm proveniências variadas e encontram-se dispersas por vários fundos, coleções, séries e subséries arquivísticas, existentes em vários arquivos, bibliotecas, museus e outras instituições de memória, dispersas por muitos países e alguns continentes. Tenta-se superar estes obstáculos através, por exemplo, da publicação e da reedição de fontes e de catálogos temáticos e do desenvolvimento de programas internacionais de catalogação e digitalização que têm como objetivo disponibilizar à comunidade científica a informação imprescindível para a construção de novas narrativas sobre a história indígena, colonial e nacional.

    Por fim, é também importante considerar que as fontes que se preservam nos arquivos sobre os indígenas não foram, na sua maioria, produzidas por eles. Estas sociedades criaram testemunhos materiais (cerâmica, arte rupestre, artefactos líticos e arte plumária) encontrados em sítios arqueológicos e preservados em instituições de memória no Brasil e em várias partes do mundo. Estas fontes refletem a diversidade étnica, estilística e cultural destes povos, são expressão do seu universo simbólico e sociocultural e, por isso, são imprescindíveis para estudar comunidades pré-coloniais e coloniais. Não obstante a relevância destes materiais, as sociedades indígenas da América portuguesa definem-se como sociedades da oralidade e nunca tinham usado a escrita até à chegada dos portugueses. Foi depois dos “contactos coloniais” que começaram a surgir exceções, como os documentos escritos pelos guaranis das reduções jesuítas do Paraguai e por outros personagens bilingues e biculturais que pontearam o passado das Américas portuguesa e espanhola e estabeleceram pontes entre civilizações distintas nestes estados coloniais que baseavam as suas estruturas políticas e administrativas na escrita: os “impérios de tinta e papel” ibéricos. Contudo, a apropriação da escrita e das suas práticas pelas comunidades indígenas restringiu-se, fundamentalmente, às elites, aos que se distinguiam pelo nascimento e aos que eram escolhidos pelos missionários devido ao seu talento na execução de funções burocrático-administrativas, ao mérito religioso e ao empenho devocional. 

    Não obstante a informação que se preserva nos arquivos coloniais não ter sido, na grande parte, gerada diretamente pelos indígenas, ela é abundante. Foi produzida por agentes da Coroa, viajantes, senhores de engenho, comerciantes, missionários, clérigos, cartógrafos, sertanistas, colonos, militares, juízes, escrivães, etc. Ou seja, por indivíduos que estavam integrados na sociedade colonial e determinavam o que era pertinente registar. Eram autores de relatos, decretos, alvarás, bandos, regimentos, memórias, correspondência, ofícios, informações, mapas, estampas, esquissos, recenseamentos, tratados, processos inquisitoriais, cartas de sesmarias. Estes documentos tinham por objetivo principal registar a sua presença e atuação no terreno e manter a Coroa e as instituições governamentais informadas sobre os seus domínios coloniais e as populações que os habitavam. Nestas narrativas referem-se os índios como amigos ou inimigos dos portugueses, em função das relações de natureza assimétrica estabelecidas entre os diversos grupos em presença. Os indígenas eram aliados na guerra e força de trabalho, apagados das suas identidades e sentimentos de pertença e, consequentemente, integrados na sociedade colonial; ou eram bárbaros, bravos e rebeldes que deviam ser vencidos, escravizados, dominados, por vezes exterminados. 

    Assim, as fontes que se referem aos indígenas não são nem podem ser neutras, nem neutrais. Em primeiro lugar, porque elas não são uma representação fidedigna da realidade, mas imagens construídas e seletivas que estão em estreita conexão com o poder político, sociocultural, religioso. Consequentemente, são um mecanismo eficaz de informação, dominação e governação. Em segundo lugar, porque é importante considerarmos que são igualmente resultado e reflexo de uma temporalidade, uma espacialidade e um enquadramento ético-ideológico específicos; e por isso, mostram experiências pessoais e trajetos de vida que se espelham nos textos e na forma como eles se organizam e no que descrevem ou silenciam, no impacto desses silêncios e no modo como são ultrapassados. Assim sendo, as fontes refletem o conhecimento, a formação e os objetivos dos seus autores, as suas perspetivas e os seus interesses. E transmitem, geralmente, representações seletivas e construídas de uma ordem social e política que era a dos grupos dominantes e letrados. A escrita é, pois, um dispositivo de poder. Por norma, os grupos desfavorecidos encontravam-se afastados da autoria destas narrativas (ex: mulheres, crianças, indígenas, africanos, afro e indígeno-descendentes), embora, por vezes, as suas vozes se fizessem, em múltiplas circunstâncias, ouvir em reivindicações de lideranças, famílias e comunidades, pelo direito às suas terras, ao seu estatuto, à sua liberdade. 

    Para além disso e por largo período de tempo, muitos documentos foram ignorados ou não foram convenientemente explorados pelos historiadores. Ou foram lidos e interpretados à luz de questões que, à época em que muitos destes discursos historiográficos foram produzidos, eram consideradas importantes e válidas, centrais e estruturantes na construção do que podemos designar como as “narrativas da colonização”. Estas estavam, sobretudo, focadas na formação e na evolução dos impérios coloniais europeus: nas suas estruturas organizativas institucional, administrativa, religiosa, social, económica, étnica; nos processos históricos relacionados com a expansão colonial, estudados em função dos impérios europeus e dos que eram considerados como seus agentes e protagonistas. Nelas, a presença dos indígenas era ténue, marginal e obscurecida: porque as populações americanas eram consideradas como atores secundários, instrumentais e coadjutores nas ações protagonizadas pelos colonizadores; e porque eram considerados como “povos sem história” e sem futuro, primitivos, selvagens, civilizacionalmente atrasados, pouco visíveis enquanto sujeitos históricos, até porque não tinham produzido documentação escrita. Desempenhavam papeis secundários em narrativas que estavam centradas nos projetos coloniais e naqueles que eram considerados como “grandes temas da história”, como sejam a apropriação territorial e a construção das fronteiras continentais, as guerras travadas pelas potências coloniais europeias, o tráfico e o comércio transatlânticos, a governação do território. 

    Note-se que esta foi uma tendência que teve uma maior longevidade entre os historiadores da América portuguesa, por contraposição ao caso americano-espanhol que se interessou mais cedo pelas novas histórias indígenas. Até à década de 1980 “a história dos índios no Brasil resumia-se basicamente à crónica da sua extinção” (Monteiro 2001, 4). Foi nesta altura que ocorreram profundas alterações que permitiram que as histórias coloniais se renovassem e deixassem de ser escritas a partir de uma perspetiva predominantemente eurocêntrica. Estas mudanças, que ocorreram numa cronologia aproximada – os anos de 1980-90 –, fizeram com que a sociedade e a academia dedicassem uma maior atenção às comunidades indígenas. As alterações foram de natureza cívica, política e jurídica (ex: a reivindicação, por parte dos povos indígenas, pelos direitos e pelo respeito às suas identidades e culturas; a Constituição de 1988, que teve uma influência significativa de ativistas indígenas na redação); académica e científica (ex: cruzamentos de perspetivas e metodologias interdisciplinares); teórico-metodológica (ex: valorização da oralidade, da cultura material e imaterial e dos saberes ancestrais); epistemológica e historiográfica (ex: redimensionamentos de pressupostos historiográficos, conceitos, processos, práticas, protagonistas). Os historiadores começaram a refletir sobre temas complexos e desafiantes, entre eles, a participação dos até então considerados “povos subalternos” e “desclassificados” nas histórias regionais e nacionais. Ao fazê-lo, mudaram o seu relacionamento com as fontes documentais, examinaram arquivos até aí pouco explorados e procuraram nos documentos informação que não tinha sido pensada quando eles foram produzidos. 

    Data também deste período o desenvolvimento de projetos arquivísticos de grandes dimensões que permitiram uma democratização da informação através do acesso facilitado da comunidade académica interessada em temas indígenas às fontes históricas. É o caso do generalista Projeto Resgate Barão do Rio Branco (1983/1996), que habilitou a inventariação, catalogação, digitalização e disseminação das fontes históricas sobre o Brasil colonial em Portugal e no mundo e que recentemente divulgou um catálogo temático sobre a presença indígena nas coleções do AHU (2025); e de outro mais específico e direcionado, que tinha como objetivo disponibilizar um instrumento de pesquisa sobre os índios nos arquivos brasileiros, mas que era também pensado como uma agenda para investigações futuras: o Guia de fontes para a história indígena e do indigenismo (1994). Este guia teve prossecução noutros que foram feitos para arquivos regionais e locais. 

    Assim sendo, os cientistas sociais e das humanidades releram à luz de novas interpretações, metodologias e estratégias críticas os documentos que já eram bem conhecidos e outros que se encontravam inéditos. Graças a projetos como estes, a informação tornava-se acessível e ordenada, auxiliando a renovação da história dos indígenas e do indigenismo. A partir de então, as “novas histórias indígenas” entrelaçaram-se com as histórias dos europeus e estes enlaçamentos foram decisivos para a compreensão dos processos de desenvolvimento e transformação das sociedades americanas, coloniais e nativas, mas também das próprias sociedades reinóis que formaram e alteraram as suas identidades na sequência dos contactos e interações com povos, naturezas e produtos extraeuropeus. Os historiadores reformularam as análises sobre temas tão relevantes como: as relações de poder entre reinos e colónias, as dinâmicas internas, violências, tensões, confrontos, intermediações e negociações gerados nas sociedades coloniais e nativas, a diversidade e a especificidade dos diferentes grupos indígenas. Estas novas narrativas consideram a intervenção e as agências de novos atores na história da América: as populações originárias, mas também as africanas e mestiças, que deixaram de ser vistas como estereótipos cristalizados no tempo e como “povos subalternos”, para passarem a ser incorporadas nas narrativas como participantes ativos, intervenientes e atuantes nas histórias dos seus continentes, países e regiões. Estas obras encontram-se solidamente fundamentadas em amplas pesquisas documentais e na releitura das fontes históricas. 

    Presentemente, as fontes são relidas e consideradas como elementos poderosos para validar o protagonismo indígena; para ressignificar práticas e discursos; problematizar a produção de memórias e identidades em manifestações e práticas sociais das comunidades; para fundamentar que elas não foram meras vítimas passivas de processos históricos conduzidos e dominados por conquistadores e colonizadores, mas souberam desenvolver processos de transformação étnica, estratégias, adaptar-se e reelaborar as suas identidades e culturas. Nestas abordagens é particularmente importante a releitura das fontes em função de olhares e metodologias cruzados, trazidos por outras ciências, como a Antropologia, a Etnologia, a Linguística e a Arqueologia. A colaboração interdisciplinar reforça a natureza múltipla e complexa das fontes; e conduz à reinterpretação de afirmações, práticas e objetos em função de vivências, comportamentos, relacionamentos, símbolos, significados e lógicas de funcionamento étnica e culturalmente diversos.

    Em suma, nos últimos anos, os novos caminhos da história indígena têm vindo a diversificar-se e a complexificar-se. São o resultado conjugado da investigação de historiadores, antropólogos, arqueólogos, linguistas, arquivistas, biólogos, químicos, etc. Estas novas narrativas não são antieuropeístas, nem antiocidentais e visam a incorporação dos grupos indígenas às histórias das suas regiões e países, e à história global. De igual forma, ultrapassaram as “crónicas da extinção” dos indígenas, as narrativas da cristalização destas sociedades no tempo e no espaço e da destruição desencadeada pela expansão europeia, tal como foram construídas nos anos 1970-80. Sobretudo, exigem a participação dos indígenas na construção da história dos seus povos, atentos que estão a novos temas e interpretações e conhecedores de outro tipo de fontes documentais que não são apenas as textuais e visuais produzidas num contexto de colonização. Os documentos continuam a ser imprescindíveis na construção empírica dos discursos historiográficos sobre os indígenas e a ser úteis como fundamentos históricos e jurídicos na reivindicação e defesa de identidades, direitos e terras. As novas narrativas conduzem “à reescrita dos processos históricos, ao desmonte dos estereótipos e preconceitos sobre as populações indígenas e a novas percepções sobre a construção histórica e social do Brasil” (Dantas, 16). Não sendo confundidas com ativismo político, procuram, contudo, corresponder às necessidades das organizações indígenas e dos defensores dos direitos destes povos no reconhecimento à diferença social, cultural, identitária, ao respeito e à dignidade. 

    Bibliografia:

    Almeida, Maria Regina Celestino de. 2017. “A atuação dos indígenas na História do Brasil: revisões historiográficas”. Revista Brasileira de História 37, 75: 17-38. http://dx.doi.org/10.1590/1806-93472017v37n75-02

    Apolinário, Juciene Ricarte, organização. 2025. Projeto Resgate Barão do Rio Branco. História dos povos indígenas. Catálogo dos documentos sobre história dos povos indígenas (Arquivo Histórico Ultramarino). FBN.

    Dantas, Mariana Albuquerque, Repensando a temática indígena através das fontes: novos questionamentos e perspectiva crítica. In Acervo, Rio de Janeiro, v. 34, n. 2, maio-ago. 2021, p. 1-16.

    Domingues, Ângela. 2024. “A dinâmica imperial portuguesa e os povos nativos da Amazónia colonial: novos caminhos da historiografia brasileira”. En Brasil, África e Ásia na monarquia portuguesa (séculos XVI-XVIII), organização de Roberto Guedes, Antonio Carlos Jucá de Sampaio, Isabele de Mattos Pereira de Melo, 431-452. 1.ed. Rio de Janeiro: Mauad X.

    Monteiro, John Manuel, coordenaçãon. 1994. Guia das fontes para a história indígena e do indigenismo em arquivos brasileiros. São Paulo: NHII-USO e FAPESP.

    Monteiro, John M. 2001. Tupis, tapuias e historiadores. Estudos de História indígena e do indigenismo. UNICAMP, Tese apresentada para o concurso de livre docência, Campinas. 

    Neumann, Eduardo. 2007. “A escrita dos guaranis nas reduções: usos e funções das formas textuais indígenas – século XVIII”. Topoi 8, 15: 49-79.

    Resende, Maria Leônia Chaves de, organizaçãon. 2015. Mundos nativos: culturas e história dos povos indígenas. Belo Horizonte: Fino Traço.

    Thorpe, Kirsten. 2024. “Returning love to Ancestors captured in the archives: Indigenous wellbeing, sovereignty and archival sovereignty”. Archival Science 24: 125-142. https://doi.org/10.1007/s10502-024-09440-2