Fabián R. Vega
Universidad Nacional de San Martín, Argentina
La conquista de América por los imperios ibéricos estuvo estrechamente ligada a la evangelización de las poblaciones indígenas. Desde finales del siglo XV, las bulas alejandrinas concedieron a la Corona de Castilla el dominio sobre territorios en América y Asia, con la condición de convertir al cristianismo a sus habitantes. Más allá de los debates y polémicas de la primera mitad del siglo XVI, los indígenas fueron oficialmente considerados paganos, es decir, no herejes que hubieran rechazado el cristianismo —como musulmanes o judíos—, sino pueblos que nunca habían tenido contacto con él. En teoría, esto implicaba que debían ser evangelizados de manera pacífica. Sin embargo, el clero secular, bajo la autoridad directa de los obispos, era insuficiente para esta tarea. Por ello, la Corona recurrió a distintas órdenes religiosas —como jesuitas, franciscanos y dominicos— para llevar adelante la instrucción cristiana de los indios. Paralelamente, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, la administración colonial llevó a cabo una profunda reorganización del espacio habitado por la población indígena, estableciendo lo que se conoce como reducciones en el Virreinato del Perú y congregaciones en el de Nueva España. En este contexto, lo que la historiografía entiende por “misión de población indígena” corresponde a una reducción o congregación cuya parroquia estaba administrada por una orden religiosa, que en algunos casos también influía en la gestión política y económica del asentamiento. Aunque varias órdenes asumieron esta labor, las misiones jesuíticas fueron las más exitosas. A mediados del siglo XVIII, la Compañía de Jesús dirigía pueblos en regiones como los ríos Paraná y Uruguay, Chiquitos, Moxos, Chaco, Chiloé, Bío-Bío, Maynas, Los Llanos-Casanare, Orinoco, Baja California, Tarahumara, Sinaloa y Sonora, entre otros. A estas misiones me referiré a lo largo de la entrada.
La escritura desempeñó un papel fundamental en las misiones por cuatro razones principales. En primer lugar, los propios misioneros dependían de ella a la hora de organizar su labor: la utilizaban para seguir reglas y preceptos, mantener la comunicación entre ellos y rendir informes a sus superiores, ya fueran los responsables de la misión, de la provincia o incluso de la orden en su conjunto. En segundo lugar, los jesuitas y otros religiosos se encargaron de transcribir y sistematizar las lenguas indígenas empleadas en la evangelización. El clero regular rechazó el uso del español en la conversión de los indios, lo que hizo imprescindible el dominio de sus lenguas. Sin embargo, aprenderlas resultaba una tarea ardua, por lo que los misioneros necesitaron materiales de estudio. Así, iniciaron un complejo proceso de escriturización, gramaticalización y estandarización de diversos idiomas indígenas, especialmente de aquellas “lenguas generales” que podían ser comprendidas por un amplio número de nativos, como el náhuatl, el quechua, el aymara, el tupí y el guaraní. En tercer lugar, los religiosos consideraban necesario que la escritura circulara al menos entre ciertos indios, pues esto facilitaba la aceptación de la autoridad de la palabra de Dios. En la medida en que el cristianismo es una religión del libro, comprender la escritura era fundamental para reconocer la naturaleza de su mensaje y la autoridad que la tradición cristiana otorga a los textos sagrados. Por último, el número de jesuitas en cada misión solía ser reducido, por lo que la colaboración de algunos indios resultaba indispensable. Las tareas de administración, contabilidad, liturgia e incluso gobierno exigían un manejo aceptable de la escritura, lo que impulsó la alfabetización de ciertos sectores de la población indígena.
Como resultado, los contextos misionales se caracterizaron por una producción escrita relativamente abundante. Dentro de este corpus, los textos relevantes para una historia indígena pueden agruparse en cinco grandes conjuntos. El primero es la escritura edificante, que combinaba en distintos grados la descripción y la propaganda y que se formalizó en géneros textuales como crónicas, relaciones, cartas relatorias y cartas anuas[1]. Los misioneros redactaban regularmente informes sobre sus actividades, dirigidos en ocasiones a destinatarios específicos, aunque su circulación solía ser más amplia. Estos textos presentan una estructura relativamente estable: suelen incluir descripciones detalladas de la naturaleza y la geografía de los espacios misionales, reflexiones sobre las características de la población indígena y su disposición para la conversión y, finalmente, relatos acerca de los ministerios que los jesuitas desempeñaban. Una parte de esta producción alcanzó la imprenta, como en el caso de las historias oficiales de provincias, mientras que otra permaneció en formato manuscrito. Sin embargo, a lo largo de los siglos XIX y XX, historiadores, bibliófilos y eruditos han ido publicando muchos de estos documentos, e incluso existen antologías y selecciones que permiten a los lectores no especializados familiarizarse con sus rasgos y su utilidad historiográfica [2]. Desde una perspectiva histórica, estos textos constituyen las fuentes avant la lettre etnográficas más extensas sobre los contextos misionales, lo que los convierte en una referencia ineludible para la historia indígena. No obstante, presentan dos problemas fundamentales para la investigación. Por un lado, su información es en gran medida conocida y ha sido ampliamente explotada por la historiografía, lo que deja poco margen para estudios originales. Por el otro, su contenido está fuertemente condicionado por la retórica encomiástica propia de los jesuitas, lo que exige una lectura crítica de sus relatos.
En segundo lugar, es importante destacar lo que podría denominarse escritura normativa de carácter reservado[3]. La gestión interna de las misiones dependía en gran medida de la escritura: reglas, órdenes, preceptos y memoriales regulaban la rutina reduccional. Si bien la Compañía de Jesús se regía por documentos normativos de alcance general, como las Constituciones y las Regulae Societatis Iesu, también existían instrucciones y preceptos específicos para cada contexto misional. Los provinciales y superiores de misión emitían órdenes breves de manera periódica. Además, los provinciales y generales enviaban cartas con normativas ad hoc, aplicables a diferentes contextos. A su vez, los provinciales canalizaban información normativa en los memoriales que redactaban tras sus visitas periódicas a las misiones. Con el tiempo los misioneros reorganizaban estas disposiciones y epístolas en compilaciones normativas, que podían incluir complejos índices y dispositivos para navegar la información. A diferencia de la producción edificante, estos textos nunca llegaron a la imprenta y permanecieron en circulación interna. A pesar de su valor historiográfico, la investigación sobre estos materiales sigue siendo muy limitada. Hasta ahora, solo se ha publicado información relativa al Paraguay y Nueva España y, aun así, su potencial ha sido poco explorado. Desde la perspectiva de la historia indígena, la escritura normativa reservada permite acceder a una dimensión menos visible en comparación con los documentos edificantes más conocidos. A través de estos textos, es posible rastrear la regulación jesuítica de la vida cotidiana indígena e identificar tensiones, conflictos y problemáticas en la relación entre misioneros e indios.
En tercer lugar, se encuentran los textos pastorales, que incluyen apuntes y libros lingüísticos [4]. Como mencioné previamente, las órdenes religiosas optaron por evangelizar en lenguas indígenas, en parte por una cuestión de economía de recursos: resultaba más eficiente que unos pocos misioneros aprendieran quechua antes que miles de indios adoptaran el español. En este marco, la distinción entre textos doctrinales y lingüísticos no era tajante. Diccionarios, gramáticas (o “artes de la lengua”), catecismos, libros espirituales, sermonarios, confesionarios y manuales litúrgicos formaban parte de un mismo proyecto orientado a proporcionar a los misioneros materiales de consulta y formación para su labor evangelizadora. Estos documentos circularon tanto en formato manuscrito como impreso. Cuando alcanzaban la imprenta, podían producirse en las propias misiones, en las capitales virreinales o incluso en Europa. Su vínculo con la historia indígena es evidente en tres aspectos. Primero, estos documentos conservan los idiomas indígenas tal y como existieron en el período colonial, es decir, no como lenguas “puras”, sino como duraderas e influyentes reconstrucciones derivadas del proceso de creación de lenguas cristianas y pastorales, en que los misioneros desempeñaron un papel fundamental. Segundo, estos volúmenes estaban diseñados para incidir directamente sobre la población indígena, lo que les otorga un carácter performativo, ya que reflejan las estrategias más exitosas para transmitir la doctrina cristiana. Tercero, muchos de estos textos surgieron del contacto directo con los indios: los rastros de sus creencias y prácticas pueden percibirse en la traducción de términos, en la selección de temas para los sermones y en las preguntas formuladas en los confesionarios. En este sentido, la colaboración de letrados indígenas fue significativa y los textos mencionan con frecuencia a informantes indígenas. En ocasiones, esta colaboración se convirtió incluso en autoría: en los pueblos de guaraníes, por ejemplo, varios indios escribieron libros y un cacique y músico, llamado Nicolás Yapuguay, llegó a redactar dos volúmenes que alcanzaron la imprenta.
En cuarto lugar, cabe destacar los inventarios de las misiones. La mayoría de los que se conservan fueron elaborados en el contexto de la expulsión de los jesuitas del imperio español, entre 1767 y 1768, aunque algunos se redactaron en los años inmediatamente posteriores. Por orden de Carlos III, en efecto, los jesuitas fueron desterrados y la mayoría se exilió en la península itálica. Para financiar su mantenimiento, la Corona dispuso la venta de sus bienes muebles e inmuebles, lo que motivó la realización de inventarios sistemáticos en colegios y misiones, que reflejan el instante postrero de administración jesuítica de estas instituciones. Desafortunadamente, no incluyen las pertenencias de las casas de indios, dado que estas no fueron objeto de expropiación, pero en cualquier caso sí detallan los bienes muebles e inmuebles que pertenecían a la residencia de los jesuitas, a la iglesia, a los talleres de artesanías y a las estancias. Así, los inventarios incluyen información sobre edificios, ornamentos, alhajas, herramientas de trabajo manual, utensilios de cocina, vajilla, muebles, vestimenta, documentación de archivo, instrumentos musicales, huertas, ganado y libros. Los inventarios que han sido editados corresponden a los conjuntos misionales de los ríos Paraná y Uruguay, Chaco, Chiquitos, Moxos y Baja California[5]. La mayoría de los documentos originales se encuentran en el Archivo Nacional de Chile. Habían sido enviados al territorio español en el siglo XVIII, pero varias décadas más tarde el empresario y coleccionista Francisco Javier Brabo los recopiló y publicó parcialmente y, más tarde, se deshizo de ellos vendiéndolos al Estado chileno. Hoy forman parte del fondo Jesuitas de América, inscripto en el programa “Memoria del Mundo” de UNESCO y, en gran medida, digitalizado[6]. Desde la perspectiva de la historia indígena, estos inventarios permiten reconstruir la cultura material que rodeaba a una parte de la población indígena (al menos, a la élite y a los trabajadores artesanales) en las reducciones. Además, evidencian apropiaciones culturales por parte de los indígenas, por, ejemplo en el ámbito musical, y posibilitan amplias y precisas comparaciones regionales merced a su carácter serial y cuantificable.
En quinto lugar, se encuentra el conjunto de materiales que puede denominarse escritura indígena [7]. Como mencioné anteriormente, la autoría y la colaboración indígena fueron fundamentales en la producción pastoral y lingüística. Sin embargo, la escritura indígena en contextos misionales trascendió estos ámbitos y se desplegó en otros espacios de producción textual, aunque a menudo resulta difícil trazar un límite preciso entre lo religioso y lo no religioso. Si bien la escritura occidental estuvo presente en diversas comunidades indígenas, en las misiones jesuíticas adquirió un peso particular debido al énfasis que los jesuitas ponían en la alfabetización como parte de su proyecto de conversión. No obstante, esta importancia no fue homogénea: hubo contextos misionales más propicios para el desarrollo de la escritura indígena que otros. Este fenómeno se manifestó con especial claridad en las reducciones de Chiquitos, Moxos y guaraníes. En el caso de las reducciones guaraníes, se conservan escritos de autoridades indígenas locales, incluidos caciques y cabildos. Destacan, por ejemplo, las célebres cartas dirigidas a las autoridades políticas en 1753 en el contexto de un conflicto fronterizo, así como documentos relacionados con la propia expulsión de los jesuitas (Imagen 1). El reciente proyecto Lenguas Generales de América del Sur (LANGAS) ha dado lugar a una base de datos digital parcial que contiene alrededor de ochenta textos en guaraní con estas características [8]. Alejados del ámbito estrictamente pastoral, estas fuentes reflejan la voz y la agencia indígena dentro de la documentación colonial, sus estrategias de resistencia y negociación frente a los poderes coloniales y la reinterpretación de conceptos, ideas y tradiciones occidentales.
Quisiera cerrar esta entrada resaltando algunos aspectos clave. Antes que nada, es evidente que las fuentes misioneras ofrecen información fundamental para la historia indígena. Como ocurre con otros sectores subalternos, la historia indígena suele ser difícil de rastrear, permaneciendo en gran medida en las sombras. Las fuentes misioneras proporcionan una vía, aunque parcial y sesgada, para abordar esta problemática central de la investigación histórica. Su valor no radica únicamente en la abundancia de la escritura en estos contextos, sino, sobre todo, en el hecho de que algunos indios participaron directamente en los procesos escriturales que allí tenían lugar. Desde luego, ningún documento está exento de limitaciones. A pesar de su riqueza, las fuentes misioneras presentan sesgos evidentes. En la mayoría de los casos, reflejan la perspectiva de los jesuitas o de sus colaboradores más cercanos, como los indios que desempeñaban funciones religiosas. Incluso cuando la alfabetización —aunque limitada y restringida a ciertos grupos— permitió la producción de textos directamente indígenas, estos fueron elaborados por las autoridades locales, cuyas representaciones y prácticas diferían significativamente de las del resto de la población. Aun con estas limitaciones, las fuentes aquí exploradas siguen siendo una ventana crucial para el estudio de la historia indígena. El futuro de la investigación radica, por un lado, en ampliar el acceso a estos escritos mediante la creación de bases de datos, repositorios digitales y compilaciones documentales y, por otro, en profundizar el análisis de la agencia, la adaptación, la negociación, la resistencia, la intermediación cultural, las apropiaciones simbólicas, las dinámicas individuales y comunitarias, las expresiones lingüísticas y, en última instancia, la vida cotidiana de la población indígena que se manifiesta en sus páginas.

Imagen 1. Carta en guaraní de Nicolás Ñeenguirú, cacique guaraní, al rey con posterioridad a la firma del Tratado de Madrid (1753) [9].
Notas:
[1] Dante Alcántara Bojorge, «El proyecto historiográfico de Claudio Aquaviva y la construcción de la historia de la Compañía de Jesús en la Nueva España a principios del siglo XVII», Estudios de Historia Novohispana 40 (2009): 57-80; Ernesto J. A. Maeder, «Las fuentes de la información sobre las misiones jesuíticas de guaraníes», Teología. Revista de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, n.o 50 (1987): 143-64.
[2] Manuel M. Marzal, La utopía posible. Indios y jesuitas en la América colonial I (Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1992); Manuel M. Marzal, La utopía posible. Indios y jesuitas en la América colonial II (Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1994); Mauro Matthei, ed., Cartas e informes de misioneros jesuitas extranjeros en Hispanoamérica. Selección, traducción y notas. Primera parte, 1680-1699 (Santiago: Universidad Católica de Chile, 1969) y volúmenes subsiguientes.
[3] Fabian Fechner, Fabián R. Vega, y Guillermo Wilde, Las técnicas del gobierno jesuítico. Circulación de información y toma de decisiones en Sudamérica (siglos XVII y XVIII) (Frankfurt: Max Planck Institute for Legal History and Legal Theory, en prensa); José Luis Narvaja, ed., Cartas de los Generales y Provinciales a los Misioneros de la Provincia del Paraguay. Edición crítica del manuscrito 6976 de la Biblioteca Nacional de España (Córdoba: Edición del autor, 2023); Josefina Piana y Pablo Cansanello, eds., Memoriales de la Provincia Jesuítica del Paraguay (siglos XVII-XVIII) (Córdoba: Editorial Universidad Católica de Córdoba, 2015); Charles Polzer, Rules and Precepts of the Jesuit Missions of Northwestern New Spain (Tucson, Arizona: The University of Arizona Press, 1976).
[4] Alan Durston, Pastoral Quechua: The History of Christian Translation in Colonial Peru, 1550-1654 (Notre Dame: University of Notre Dame Press, 2007); Bartomeu Melià, La Lengua Guaraní en el Paraguay colonial (Asunción: Centro de Estudios Paraguayos Antonio Guasch, 2003).
[5] Francisco Javier Brabo, ed., Inventarios de los pueblos de misiones (Madrid: Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra, 1872); Eligio Moisés Coronado, Descripción e inventarios de las misiones de Baja California, 1773 (Palma de Mallorca: Institut D’Estudis Baleàrics, 1987).
[6] http://jesuitas.archivonacional.cl/ [consultado 01/03/2025].
[7] Eduardo Neumann, Letra de Índios. Cultura escrita, comunicação e memória indígena nas Reduções do Paraguai (São Bernardo do Campo: Nhanduti, 2015); Akira Saito, «Las misiones y la administración del documento: El caso de Mojos, siglos XVIII-XX», en Usos del documento y cambios sociales en la historia de Bolivia, ed. Akira Saito y Clara López Beltrán (Osaka: National Museum of Ethnology, 2005), 27-72.
[8] https://www.langas.cnrs.fr/#/recherche_corpus [consultado 01/03/2025].
[9] Archivo Histórico Nacional (Madrid, España), Clero-Jesuitas, 120, número 38.
Bibliografía:
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Coronado, Eligio Moisés. 1987. Descripción e inventarios de las misiones de Baja California, 1773. Palma de Mallorca: Institut D’Estudis Baleàrics.
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Marzal, Manuel M. 1992. La utopía posible. Indios y jesuitas en la América colonial I. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.
———. La utopía posible. Indios y jesuitas en la América colonial II. 1994. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.
Matthei, Mauro, ed. 1969. Cartas e informes de misioneros jesuitas extranjeros en Hispanoamérica. Selección, traducción y notas. Primera parte, 1680-1699. Santiago: Universidad Católica de Chile.
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Narvaja, José Luis, ed. 2023. Cartas de los Generales y Provinciales a los Misioneros de la Provincia del Paraguay. Edición crítica del manuscrito 6976 de la Biblioteca Nacional de España. Córdoba: Edición del autor.
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Polzer, Charles. 1976. Rules and Precepts of the Jesuit Missions of Northwestern New Spain. Tucson, Arizona: The University of Arizona Press.
Saito, Akira. 2005. «Las misiones y la administración del documento: El caso de Mojos, siglos XVIII-XX». En Usos del documento y cambios sociales en la historia de Bolivia, editado por Akira Saito y Clara López Beltrán, 27-72. Osaka: National Museum of Ethnology.

