Jorge Lossio
Pontificia Universidad Católica del Perú
La definición de salud ha ido cambiando a lo largo de la historia según las teorías médicas vigentes y contextos sociales propios de cada época y cultura. Un hito contemporáneo se dió en 1948, cuando se creó la Organización Mundial de la Salud con la misión de “alcanzar para todas las personas el más alto nivel posible de salud” (Cueto 2004). En la Constitución de este organismo internacional, la salud fue definida como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, no solamente la ausencia de afecciones y enfermedades.” Dentro de las lógicas de este organismo internacional de salud, propias de un mundo post Segunda Guerra Mundial, se consideró a la salud como un ‘derecho fundamental’ al que todo ser humano, sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica y social, debía tener acceso. De igual manera, se consideró a la salud como una condición fundamental para lograr la paz y la seguridad internacional que dependía de la más amplia cooperación de las personas y de los Estados. (Organización Mundial de la Salud, https://www.who.int/es).
No obstante esta definición no es única, sino que convive con múltiples formas de entender la salud como concepto y como práctica. Y, por supuesto, no ha sido la única tampoco a lo largo de la historia. En algunas épocas y culturas, más que otras, la visión de la salud ha estado restringida más a lo orgánico, por ejemplo en el mundo occidental desde el siglo XVIII, mientras que en otras, como en el caso de la cosmovisión amazónica, la salud se ha entendido desde una perspectiva holística e integral, que abarca no solo lo físico, sino también lo espiritual, emocional, las relaciones sociales y la naturaleza. De acuerdo con la Real Academia Española, la salud es un “estado en que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones”, y como “la condición física y psíquica en que se encuentra un organismo en un momento determinado”. Al extenderse a salud pública, se entiende como el “conjunto de condiciones mínimas de salubridad de una población determinada, que los poderes públicos tienen la obligación de garantizar y proteger”. (Diccionario de la Lengua Española, https://dle.rae.es/salud?m=form).
Según Guerrero y León (2008), históricamente, el concepto de salud ha ido de la mano con la definición de enfermedad, haciendo en muchos casos muy difícil establecer límites entre ambos, frontera con frecuencia ambigua y sutil, como pueden ser las percepciones y creencias de los seres humanos. En tiempos actuales, en el mundo occidental, la salud se percibe, en algunos casos, como la ausencia de enfermedad, sin embargo esto no ha sido siempre así. (Guerrero y León 2008).
En la tradición Hipocrática, la salud era sinónimo de equilibrio. La salud dependía del balance adecuado entre los cuatro humores: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Un desequilibrio en estos humores se consideraba la causa principal de las enfermedades. Los humores se caracterizaban por sus cualidades de calor, frío, sequedad y humedad. Cada uno poseía una naturaleza particular que se manifestaba en un estado de equilibrio o desequilibrio, según la combinación de estas cualidades (caliente, frío, húmedo y seco). Además, se relacionaban estos aspectos con los elementos fundamentales de la naturaleza (aire, agua, tierra y fuego), para determinar si una persona se encontraba en un estado saludable (eukrasia) o insano (diskrasia). (Laín Entralgo 1982). Esta idea marcó el pensamiento médico por siglos, enfocándose en la restauración y el mantenimiento del equilibrio para preservar la salud. De igual forma, cambios en el clima o fenómenos naturales como terremotos podían llevar a desequilibrios amplios y la aparición de epidemias.
En el mundo occidental cristiano, aún más a partir del medioevo, además de los elementos de la tradición hipocrática, estaba presente la idea de la enfermedad como consecuencia de faltas morales y las epidemias como castigos divinos. Por supuesto, la idea de la pérdida de salud o el vínculo entre enfermedad, epidemias y castigos sobrenaturales ha sido común en muchas culturas a lo largo de la historia. En el mundo andino, por ejemplo, las prácticas curativas y rituales se dirigían a mantener la armonía entre el individuo, la comunidad y las fuerzas de la naturaleza, como la Pachamama o los Apus. La conexión con lo divino y lo ancestral era esencial para explicar el origen de las enfermedades y, en consecuencia, para restaurar el equilibrio perdido. De hecho, tal vez salvo en los siglos XIX y XX, cuando la medicina científica cobró mucha fuerza, la mirada a la salud era una holística, donde más que pensar en un órgano o en un agente causal de la enfermedad, se pensaba en términos de la integralidad del ser humano (cuerpo, espíritu, mente) y su relación con la comunidad y el medio ambiente. (Quevedo, 1993).
Durante el siglo XVI se vivió uno de los eventos históricos más significativos: la conquista y colonización europea de América. Este proceso propició el encuentro de diversas culturas, cada una con sus propias ideas sobre la salud, la enfermedad y el cuidado corporal. En una publicación reciente, Jethro Hernández examina, utilizando fuentes documentales y arqueológicas, la manera en que los pueblos aztecas entendían la curación. Según estas culturas, el cuerpo estaba constituido por dos sustancias: una era densa, material, visible y sujeta a la degradación con el tiempo; la otra, en contraste, era ligera, sutil, imperceptible y caracterizada por su capacidad de dividirse y reunirse. El equilibrio y la interacción entre estos dos componentes determinaban el estado de salud. (Hernández, 2022).
En el caso de la salud en la cosmovisión indígena amazónica peruana, se ha entendido desde una perspectiva holística e integral, y se ha vinculado con la armonía con el entorno natural. La salud del ser humano depende de su relación equilibrada con los ríos, bosques, animales y plantas. Por ello, la destrucción del bosque amazónico por la minería o la tala ilegal de madera llevan inexorablemente a la aparición de enfermedades y epidemias. En la forma de tratar las enfermedades, las plantas medicinales ocupan un lugar central. Cada planta tiene un espíritu o esencia que puede curar enfermedades si se emplea correctamente. Los conocimientos sobre estas plantas se transmiten de generación en generación, los chamanes son personas respetadas por su conocimiento y capacidad de entrar en contacto con estos espíritus, y se ha logrado convertir, mediante este conocimiento, al bosque amazónico en una gran ‘farmacia’ desde la cual se pueden obtener muchos remedios naturales. En esta cosmovisión, la salud y la enfermedad no se reducen a cuestiones biológicas. Los problemas de salud pueden ser causados por desequilibrios espirituales o la influencia de energías negativas, como maldiciones, espíritus o brujerías. Los chamanes o curanderos actúan como mediadores entre el mundo material y espiritual, utilizando rituales, cantos (ícaros), y sustancias como el ayahuasca para diagnosticar y tratar enfermedades. La salud no es sólo individual, sino también colectiva. Los conflictos dentro de la comunidad, el desequilibrio en las relaciones sociales o la ruptura de normas culturales pueden manifestarse en problemas de salud. Las ceremonias y rituales comunitarios tienen un rol preventivo y curativo, ayudando a restaurar el equilibrio en las relaciones sociales y con el mundo espiritual. (Favarón 2017).
La forma de apreciar la manera en que las poblaciones originarias de la Amazonía han abordado el tema de la salud y la enfermedad, nos enfrenta al problema de la relación de las universidades con la ciencia occidental como la base según la cual medir la validez de entender el mundo natural. El valor de la ciencia se basa en su carácter supuestamente racional, verificable y falible y en su capacidad de crear conocimientos que son obtenidos mediante la aplicación de una determinada metodología. En tal sentido, muchas otras formas de abordar el mundo natural no son consideradas científicas en cuanto no siguen metodologías consideradas válidas por las comunidades universitarias occidentales u obtienen conocimientos que no pueden ser verificables. (Méndez 2000).
Desde el siglo XVIII, la “racionalidad científica” comenzó a predominar en la cultura occidental, sustituyendo otras formas de interpretar el mundo basadas en creencias religiosas y enfoques esencialistas. Los científicos se enfocaron en explicar y analizar la realidad natural mediante el uso de categorías, conceptos y teorías, desafiando los principios que habían sido propuestos por la religión, la filosofía, la metafísica, la astrología (Méndez 2000). Según Méndez, los preceptos científicos buscaron distanciarse de la subjetividad y adoptaron lo “racional” como elemento central de la ciencia moderna (Méndez 2000). La institucionalización de la ciencia y de sus métodos para producir conocimiento se dio en universidades, academias y colegios, y la existencia de comunidades científicas contribuyó a legitimar el paradigma científico en la sociedad en general. A través de estas instituciones se difundieron y normalizaron modos de pensar que descartaron otras formas de entender el mundo natural y que pusieron a la ciencia oocicental como la única forma válida de acercarse a la naturaleza, incluyendo a la enfermedad y a la salud.
Según Eduardo Menéndez (1994), la respuesta social al proceso de salud, enfermedad y atención, aunque puedan ser hechos cotidianos y recurrentes, son parte de todo un conjunto mental y social que generan representaciones y prácticas, que estructuran un saber que incluye el reconocimiento de curadores reconocidos o legitimados de diversas maneras. Siguiendo con las ideas de Menéndez en el caso de la “racionalidad médica” indígena, sus técnicas y prácticas de sanación se basan en sistemas simbólicos que integran lo social, lo natural y lo trascendental. Es decir, la forma cómo se entiende la salud y la enfermedad dependerá de la mirada más amplia a cómo se entiende el mundo y la vida misma. (Menéndez 1994). En este contexto, la enfermedad no se percibe únicamente como una disfunción biológica, sino también como un desequilibrio espiritual o social. Por ejemplo, los curanderos en muchas culturas indígenas actúan como mediadores entre el mundo material y el espiritual, utilizando plantas medicinales, rituales y cánticos para restablecer el equilibrio perdido. Como señala Jethro Hernández las creencias y prácticas sanadoras que por mucho tiempo se han traducido como “medicina” en términos occidentales, se podrían definir como un extenso sistema de vínculos, actores, materiales y prácticas que actúan de manera conjunta para restaurar o preservar el equilibrio que mantiene la salud. (Hernández, 2022).
Desde el siglo XVIII, las universidades como espacios legitimados de creación de conocimiento, adoptaron la ciencia occidental y sus metodologías, como las únicas válidas para explicar fenómenos como la aparición de enfermedades y epidemias. Incluso en países de fuerte raigambre de tradiciones no occidentales, como en el caso del Perú, los saberes generados mediantes siglos de observación del mundo natural fueron descartados como carentes de validez. Por ejemplo, muchos conocimientos sobre las propiedades curativas de plantas andinas o amazónicas fueron ignorados por las comunidades científicas nacionales. De igual forma, males como el susto, fueron descartados como supersticiones andinas carentes de fundamento científico. En el ‘susto’, el alma se separa momentáneamente del cuerpo, lo que se traduce en un desequilibrio que lleva a la enfermedad, con síntomas como debilidad, fatiga, ansiedad y tristeza. El tratamiento tradicional implica rituales y prácticas curativas dirigidas a recuperar el equilibrio del alma y del cuerpo, conducidos por curanderos tradicionales.
En el caso de la salud, el diálogo entre la medicina indígena y la ciencia occidental ha sido casi nulo desde una perspectiva histórica. O en todo caso, ha sido un diálogo muy desde arriba o condescendiente o sin dar el reconocimiento adecuado. Por ejemplo, en el caso de la quina, planta fundamental para el desarrollo de la quinina y la lucha contra la malaria, tal vez la enfermedad que más haya matado a lo largo de la historia, por mucho tiempo se ignoró a sus verdaderos descubridores, poblaciones originarias de sudamérica, y se resaltó el aporte de los jesuítas y de los científicos europeos que estudiaron sus propiedades. Recién desde fines del siglo XX es que aparece una idea de salud intercultural que pueda hacer convivir de cierta manera a distintas tradiciones de salud con la medicina occidental. Pero por lo general, desde la ciencia médica se ha desestimado el valor de los conocimientos tradicionales.
Bibliografía:
Cueto, Marcos. 2004. El valor de la salud: historia de la Organización Panamericana de la Salud. Washington, D. C.: Organización Panamericana de la Salud, 2004. Publicación científica, 600, OMS.
Cueto, Marcos y Steven Palmer. 2024. Medicina y salud pública en América Latina: Una historia. México: Fondo de Cultura Económica.
Diccionario de la Lengua Española. Madrid: Real Academia Española, https://dle.rae.es/salud?m=form
Espinosa, Oscar y Emanuele Fabiano, eds. 2022. Las enfermedades que llegan de lejos. Los pueblos amazónicos del Perú frente a las epidemias del pasado y a la COVID-19. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Favaron, Pedro M. 2017. Las visiones y los mundos: sendas visionarias de la Amazonía occidental. Lima: Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica.
Guerrero, Luis y Aníbal León. 2008. “Aproximación al concepto de salud. Revisión histórica”. Fermentum. Revista Venezolana de Sociología y Antropología 18, 53: 610-633.
Hernández, Jehtro. 2022. “Healers and Doctors: A History of the Healing Professions in Mexico.” En Healthcare in Latin America: History, Society, and Culture, edited by David S. Dalton and Douglas J. Weatherford, 19-39. University of Florida Press.
Laín Entralgo, Pedro. 1982. El diagnóstico médico: historia y teoría. Barcelona: Salvat.
Méndez, Evaristo. 2000. “El desarrollo de la ciencia. Un enfoque epistemológico.” Espacio Abierto 9, 4: 505-534.
Menéndez, Eduardo. 1994. “La enfermedad y la curación. ¿Qué es medicina tradicional?” Alteridades 4, 7: 71-83.
Organización Mundial de la Salud, https://www.who.int/es

