Contributor: Enrique Ayala Mora

  • Lo andino en la historia

    Enrique Ayala Mora
    Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador
    Colegio de América Sede Latinoamericana

    La cuestión1

    Al hablar de “lo andino” vienen a la mente las inmensas montañas o la imagen de un indígena pastando sus llamas. Pero lo andino es más que eso. Es una realidad compleja en permanente cambio: “América Andina es el escenario de nuestro pasado y nuestro presente. Sabemos que está allí, que nos envuelve; pero resulta difícil definirla.” (Ayala Mora 1999, 11).

    Lo andino no se agota en la geografía, porque de un lado recupera la historicidad de un proceso milenario, que por diversos factores da unidad a la evolución de un conjunto de pueblos frente a una realidad regional, continental y planetaria, y de otro, paradójicamente expresa no un tronco homogenizador, sino una unidad que da sentido a una pluralidad, a una diversidad que no se disgrega. Lo andino es complejo y diverso, con distintas visiones y percepciones, que a veces han expresado una idea común, hasta una utopía recurrente (Flores- Galindo 1986, 23).

    Un imperio andino

    Las tierras de América Andina fueron pobladas al menos desde diez mil años antes de Cristo2. Surgieron, crecieron y decayeron sociedades que se adaptaron al ambiente y desarrollaron una civilización que, influenciada por los altos Andes, surgió como expresión de diversidades ambientales, económicas y culturales que persistieron por siglos.

    Las comunidades andinas desarrollaron la agricultura y el control vertical de los pisos ecológicos, con la complementariedad de espacios productivos3. “Este sistema de control pluriecológico permite el aprovechamiento máximo de las condiciones ecológicas andinas.” (Pease 1988, 76). Se basaban en la reciprocidad para el trabajo y las alianzas políticas. Se desarrollaron aldeas agrícolas y centros urbanos mayores (Lumbreras 1999, 223). Se formaron “señoríos”. El más exitoso fue el imperio Inca, que se expandió desde el sur del actual Perú en el siglo XV, con una compleja estructura económico social y un gobierno con un monarca absoluto, elsapa inca y su corte de guerreros y sacerdotes (Rostworowiski 1988, 181-182). Los incas, como los romanos en el Mediterráneo, usaron avances de los pueblos conquistados, cobraron tributos y fomentaron la producción, las comunicaciones y el comercio. “El mérito de la cultura andina, cuyo último protagonista fue el Tahuantinsuyo fue que logró reordenar la economía y la sociedad hasta refinados niveles estatales, sin influencias de otras civilizaciones del mundo.” (Espinoza 1990, 497).

    La Conquista

    A inicios del siglo XVI, los conquistadores irrumpieron en el Tahuantinsuyo. En corto tiempo dominaron un imperio Inca que estaba crisis, no por la “superioridad” de los españoles, sus caballos, armas y escritura, sino por las debilidades internas de esa sociedad y las enfermedades traídas por los conquistadores. La conquista fue también una guerra civil. El imperio se desmoronó desde dentro (Gómez y Marchena 2000,19-20).

    Con el sojuzgamiento, las muertes por epidemias y los mecanismos de explotación, la conquista fue para los indígenas el fin de su mundo andino. Los conquistadores tenían ansias de riqueza, pero ciertos misioneros vieron a las tierras andinas como escenario de una conquista espiritual para una nueva cristiandad. En la nobleza indígena y unos pocos mestizos y religiosos surgieron visiones de un pasado Inca como sociedad de orden y armonía, como la del Inca Garcilaso de la Vega (2007). Se extendió una visión de lo andino identificado con lo Inca y el pasado indígena.

    El espacio andino en la Colonia

    Los conquistadores se apoyaron en los caciques, que conservaron el poder comunitario a cambio de su colaboración (Salomon 1990, 111-122). Se enfrentaron entre ellos y con la Corona, que al fin se impuso. En el siglo XVI se organizó la colonia alrededor del centro minero de Potosí (actual Bolivia). El virreinato peruano cubría Sudamérica con un eje andino, de Bogotá al Alto Perú. Pasada la conquista fue desapareciendo en la memoria indígena la crueldad de los incas, pero no se olvidó la violencia de los españoles. Como utopía andina se esperaba el “retorno del inca” con mitos como el “Incarri” (López B. 1990, 77). Se hablaba de apariciones de los soberanos incas que anunciaban la vuelta del Tahuantinsuyo. “En la memoria, previamente, se reconstruyó el pasado andino y se lo transformó para convertirlo en una alternativa al presente.” (Flores Galindo 51).

    En el “Espacio andino”, decayó la extracción de metales de Potosí e hizo crisis en el siglo XVIII (Tandeter 2001, 73-76). España implantó las “reformas borbónicas”, que afectaron a América (Lynch 1996, 40-45). El ámbito colonial andino se fracturó. Se crearon en 1739 el Virreinato de Santa Fe de Bogotá, y en 1776 el del Rio de la Plata. La resistencia indígena se dio con sublevaciones, defensa de costumbres, estructuras comunitarias y tierras, fiestas, idioma y otras. En el siglo XVIII, los levantamientos indígenas, mestizos y esclavos se multiplicaron (Moreno , 423). Algunos reivindicaron el pasado indígena con utopías andinas, como las rebeliones de Túpac Amaru y Túpac Katari.

    La Independencia
    A inicios del siglo XIX se desató la crisis del antiguo régimen. Se formaron juntas de criollos para gobernar a nombre del rey. Luego, en Sudamérica la guerra se organizó desde el Río de la Plata y Venezuela hasta el Perú. Bolívar incorporó a pardos, llaneros y chusma urbana. Los negros afroandinos lucharon como soldados por su libertad. Los indígenas sabían que los beneficiarios eran los terratenientes autores de la represión. Excepcionalmente participaron en los ejércitos y en muchos casos respaldaron a los españoles.

    La independencia acentuó la identidad americana. Bolívar decía: “Nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte, cercado por dilatados mares, nuevo en casi todas las artes y ciencias.” (Bolívar 1975, 156). Los “patriotas” defendían una causa continental con fuerte presencia andina. Se vio la independencia como reivindicación de los indígenas. En su gran poema, José Joaquín Olmedo introdujo la figura del inca Huayna Cápac, que une las batallas de Junín y Ayacucho, saludando la derrota española (Olmedo 1960, 103-136). La vuelta del pasado inca justificó la independencia como elemento unificador que se proyectó a la vida republicana.

    Estados nacionales en el siglo XIX

    Los estados nacionales de América Andina se asentaron en la regionalización, el robustecimiento de la propiedad, la reconstitución del poder legal y la exclusión de mujeres, indígenas, negros y no propietarios. Los “señores de la tierra” y comerciantes plantearon proyectos nacionales de continuación de la hispanidad. Asumieron formas republicanas con razgos monárquicos (Carrera Damas 2003, 357). Mantuvieron la discriminación étnica y la sociedad estamentaria. Las élites criollas se enfrentaron en disputas regionales. Impusieron su visión nacional. Grupos mestizos empezaron a identificarse con las naciones-estado, su historia, cultura y símbolos.

    En el siglo XIX en Bolivia, Ecuador y Colombia el poder y la mayoría de la población estaban en la región andina. En Perú, el centro político era Lima, pero la mayoría de la población estaba en la Sierra. En Venezuela, el peso de los andinos fue grande. En las costas del Caribe y el Pacífico, sobre todo en Colombia, se desarrollollaron poblaciones afro. Así, “lo andino” fue rasgo de identidad de los nuevos estados y aportó elementos para los símbolos nacionales.  En los nuevos países la ocupación del territorio era mayormente andina y escasa en la costa y la Amazonía.

    El indigenismo andino

    Al inicio del siglo XX en América Andina se aceleró la vinculación al mercado mundial y la modernización económica. Crecieron la población y las ciudades. Se ampliaron los sectores medios y la clase obrera. Las ideas y partidos socialistas se difundieron. En la literatura y la plástica predominaron la denuncia y la insurgencia.

    Desde los años veinte el indigenismo surgió como reflexión “en torno a las culturas indígenas que han sido redescubiertas tras la tormenta del liberalismo político”. (Marzal 1993, 35-36). Cuestionó los proyectos nacionales y la identidad nacional, revalorizó la presencia indígena y la lucha social, problematizó el mestizaje. En Perú “emergió primero como un movimiento literario que idealizaba el imperio inca (…) fue también entendido como la construcción de una nueva identidad nacional cuyo centro fuese la cultura autóctona de origen precolombino que había sobrevivido a siglos de adversidad.” (Contreras y Cueto 2007, 246-247).

    José Carlos Mariátegui (1928) revalorizó la comunidad indígena en la historia y futuro de Perú, análizando la sociedad de clases. Víctor Raúl Haya de la Torre concibió “una nueva y metódica confrontación de la realidad indoamericana”. (Haya de la Torre 1972, 81). Propuso una federación de estados contra el imperialismo yanqui, que incluía las repúblicas bolivarianas. El boliviano Alcides Arguedas publicó Raza de bronce ([1919] 1945). Pio Jaramillo Alvarado publicó El indio ecuatoriano ([1922], 1983). En la novela indigenista se destacó Huasipungo (1934) de Jorge Icaza. En Colombia, Antonio García publicó Pasado y presente del indio (1939). En Chile se desarrolló la cuestión social (Eyzaguirre 1991, 191).

    “Redescubrimiento” de los Andes

    Desde los años cuarenta, especialmente en México y Perú, se desarrollaron la Antropología, la Arqueología y la Etnohistoria. Se replanteó el conocimiento del pasado aborigen y la historia social, con estudios andinos influidos por la antropología norteamericana. John Murra tuvo gran influencia. En Perú aparecieron estudios sobre las culturas aborígenes, el Incario y la Colonia. Fue un “redescubrimiento de los Andes”. 

    La denominación “los Andes” se refería a las tierras del incario y continuaron en el “espacio peruano” colonial. Al hablar de “los Andes” se pensaba en el Perú virreinal e inclusive republicano, extendido a los actuales Ecuador y Bolivia. Por décadas se estudió “los Andes” delimitados por la visión peruana que la circunscribía “a los actuales territorios de las repúblicas del Ecuador, Perú y Bolivia, así como fracciones de las serranías de Colombia y el nordeste de Argentina y Chile.” (Bonilla 2005, 34). La Revolución Peruana, iniciada en 1968, planteó sus reformas sobre bases nacionalistas (Zimmermann s.f., 107). Su “Plan Inca”, símbolo de la recuperación de lo propio, utilizó imágenes indígenas como Túpac Amaru.

    El bolivarianismo

    Desde la fundación de nuestras repúblicas se exaltó la figura de Simón Bolívar como gestor de la libertad y justificador del poder. En Bolivia está ligada al acto fundacional (Vásquez et. al. 336). En Colombia marcó a los partidos políticos.  En Ecuador fue elemento de identidad nacional (Ayala Mora 1991). En Perú se lo reconoció, pero fue visto a veces como invasor. En Venezuela el “culto a Bolívar” sustento de la ideología estatal (Carrera Damas 1970). Fue de un espontáneo culto del pueblo a un organizado culto para el pueblo, manipulado por gobiernos dictatoriales.

    Los gobiernos, sistemas educativos, fuerzas armadas e instituciones cultivaron el culto a Bolívar, con cuya figura, en 1948, se fundó en Washington la Organización de Estados Americanos, OEA, mientras la CEPAL impulsaba la sustitución de importaciones, crecimiento industrial y modernización agraria, el bolivarianismo se convirtió en lazo cultural y político de los estados “bolivarianos”.

    La integración andina

    En 1969 se suscribió el Acuerdo de Cartagena, que constituyó el “Grupo Andino”. Lo formaron Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú. Venezuela se incorporó en 1973 y Chile se separó en 1976. Se adoptó el nombre por la afinidad geográfica e histórica de países que tienen como característica común la cordillera andina, con raíces aborígenes y coloniales que se identificaban con lo andino y con el bolivarianismo.

    El Acuerdo de Cartagena “tiene por objetivos promover el desarrollo equilibrado y armónico de los Países Miembros en condiciones de equidad, mediante la integración y cooperación económica y social; acelerar su crecimiento y la generación de ocupación; facilitar sus participación en el proceso de integración regional, con miras a la formación gradual de un mercado común latinoamericano. (…) propender a disminuir la vulnerabilidad externa y mejorar la posición de los Países Miembros en el contexto internacional.”4

    El proceso de integración dinamizó las economías de los países y el espacio andino se vio como una unidad histórica, cultural y política, que era más que sus países componentes. Se consolidó la idea de complementariedad andino-amazónica. El Pacto Andino tuvo avances y retrocesos (Maldonado 1999). En 1997 se lo reorganizó como “Comunidad Andina”, CAN. No se consolidó la unión aduanera y el mercado común, pero se intensificaron las relaciones comerciales entre países y se logró constituir una institucionalidad.

    América Andina: unidad y diversidad

    En los años noventa las percepciones de lo andino se sacudieron cuando los indígenas irrumpieron reclamando reconocimiento y resistiendo al neoliberalismo. Cuestionaban los estados nacionales andinos, demandaban el reconocimiento de derechos colectivos indígenas, que las constituciones andinas incorporaron.

    Lo andino “no se circunscribe a lo altoandino, sino que integra la pluralidad, desde el altiplano hasta la costa y la amazonía, desde los límites de las pampas hasta las playas del Caribe. América Andina es un espacio con los Andes como espinazo. (…) Una circunstancia similar se expresa en el ámbito humano y social, pues no se puede entender lo criollo, lo mestizo, lo cholo, lo negro, lo pardo, o lo indio, por si mismo, sino en su relación con ‘el otro’.”  (Ayala Mora 1999, 14-15). No hay un “hombre andino”, aunque solo fuera el indígena. Hay “hombres andinos” o “personas andinas” en plural, que son mucho más que los incas o los indígenas de altura.

    La diversidad andina “permite por ejemplo desprenderse de la connotación racista que implicaba la palabra indio, evoca la idea de una civilización, no se limita a los campesinos sino que incluye a pobladores urbanos y mestizos, toma como escenario la Costa y la Sierra, trasciende los actuales límites nacionales y ayuda a encontrar los vínculos entre la historia peruana y las de Bolivia o Ecuador.” Lo andino es “una antigua cultura que debería ser pensada en términos similares a los que se utilizan con los griegos, los egipcios o los chinos, pero para ello hace falta que este concepto por crear se desprenda de toda mitificación.” (Flores Galindo 1986, 6).

    Lo andino es una realidad en movimiento con contradicciones y enfrentamientos. Es un proceso de integración y “eslabón hacia la integración de Sudamérica”. (Salgado 1998). La UNASUR se debilitó notablemente, pero la integración es necesaria. La experiencia andina, con sus encuentros y desencuentros, atraviesa nuestra historia y nuestra identidad.


    1 Este texto se ha formulado a base de mi artículo: “La experiencia andina en la historia: raíces de una elusiva identidad”, que se publicará en la Historia de América Andina.
    2 En el área andina las evidencias de primeros pobladores van de 14.000 a 12.000 años. (Ardila 1999, 47).    
    3 Pionero del estudio de la estructura de los pueblos andinos fue John Murra (1975).
    4 Acuerdo de Cartagena, texto oficial codificado, citado por Héctor Maldonado Lira (1997, 33).

    Bibliografía:

    Ardila, Gerardo. 1999. “El poblamiento de los Andes (10.000 a 7.000 a. C.)”. En Lumbreras, edit., Historia de América Andina, vol. 1.    

    Arguedas, Alcides. Raza de bronce. 1919. La Paz: González y Medina (Buenos Aires, Losada, 1945). 

    Ayala Mora, Enrique. 1999. “Presentación general”. En Luis Lumbreras, edit., Historia de América Andina, vol. 1, Las sociedades aborígenes. Quito: Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador, Libresa.

    Ayala Mora, Enrique. 1991. El bolivarianismo en el Ecuador. Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Corporación Editora Nacional.

    Bolívar, Simón. 1975. “Contestación de un americano meridional a un caballero de esta isla”. En Simón Bolívar, Discursos, proclamas y epistolario político. Madrid: Editora Nacional.

    Bonilla, Heraclio. 2005. “El área andina como situación y como problema” (1976). En Heraclio Bonilla. El futuro del pasado, Las coordenadas de la configuración de los Andes, tomo I. Lima: Fondo Editorial del Pedagógico San Marcos.

    Carrera Damas, Germán. 1970. El culto a Bolívar. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

    Carrera Damas, Germán. 2003. “República monárquica o monarquía republicana”. En Historia de América Andina, vol. 4, Crisis del régimen colonial e Independencia. Quito: Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador, Libresa. 

    Contreras, Carlos y Marcos Cueto. 2007. Historia del Perú contemporáneo. Lima: IEP. 

    Espinoza Soriano, Waldemar. 1990. Los Incas, Economía, Sociedad y Estado en la era del Tahuntinsuyo. Lima: Amaru Editores.

    Eyzaguirre, Jaime. 1991. Historia de las instituciones políticas y sociales de Chile. Santiago: Ed. Universitaria.

    Flores Galindo, Alberto. 1986. Buscando un inca, Identidad y utopía en los Andes, La Habana: Casa de las Américas.

    García, Antonio. 1939. Pasado y presente del indio. Bogotá: Ediciones Centro.

    Gómez Pérez, Carmen y Juan Marchena Fernández. 2000. “Las sociedades indígenas y los conquistadores Apus y Supays”. En Manuel Burga, edit. Historia de América Andina, vol. 2, Formación y apogeo del sistema colonial. Quito: Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador, Libresa. 

    Haya de la Torre, Víctor Raúl. 1972. El antiimperialismo y el APRA. Lima: Amauta.

    Icaza, Jorge. 1934. Huasipungo. Quito: Imprenta Nacional.

    Inca Garcilaso de la Vega. 2007. Comentarios reales. Lima: Universidad Inca Garcilaso de la Vega. 

    Jaramillo Alvarado, Pío. 1983. El indio ecuatoriano, Contribución al estudio de la sociología indo-americana, 1922. Quito: Corporación Editora Nacional.

    López B., Mercedes. 1990. El retorno del Inca rey: mito y profecía en el mundo andino. Madrid: Playor.

    Lumbreras, Luis. “Formación de las sociedades urbanas”. En Historia de América Andina, vol. 1: Las sociedades aborígenes.    

    Lynch, John. 1996. “El reformismo borbónico en Hispanoamérica”. En Agustín Guimerá, edit., El reformismo borbónico. Madrid: Alianza Editorial.

    Maldonado Lira, Héctor. 1997. El Pacto Andino: perspectivas en la Integración Latinoamericana. Sucre: Universidad Andina Simón Bolívar.

    _____1999. 30 años de integración andina: balances y perspectivas. Lima: Comunidad Andina, Secretaría General. 

    Mariátegui, José Carlos. 1928. 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima: Biblioteca Amauta.

    Marzal, Manuel M. 1993. Historia de la Antropología Indigenista. Barcelona: Anthropos.  

    Moreno Yánez, Segundo. “Motines, revueltas y rebeliones en Hispanoamérica”, en Historia General de América Latina, vol. IV, Procesos americanos hacia la redefinición colonial

    Murra, John. 1975. Formaciones económicas y políticas del mundo andino. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

    Olmedo, José Joaquín. 1960. “La victoria de Junín, Canto a Bolívar”. En Biblioteca Mínima Ecuatoriana, José Joaquín Olmedo, Poesía, prosa, 103-136. Puebla: Cajica.

    Pease G. Y., Franklin. 1988. Los incas, una introducción. Lima: Universidad Católica del Perú.

    Rostorowski de Diez Canseco, María. Historia del Tahuntinsuyu. Lima: IEP, 1988.

    Salgado, Germánico. 1998. El Grupo Andino de hoy: eslabón hacia la integración de Sudamérica. Quito: Universidad Andina Simón Bolívar-Corporación Editora Nacional.

    Salomon, Frank. 1990. “Crisis y transformación de la sociedad aborigen invadida (1528-1573)”. En Enrique Ayala Mora, edit., Nueva Historia del Ecuador, vol. 3. Quito: Corporación Editora Nacional, Grijalbo.

    Tandeter, Enrique. 2001. “Economía minera en el espacio andino”, Margarita Garrido, edit., Historia de América Andina, vol. 3, El sistema colonial tardío. Quito: Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador, Libresa.

    Vásquez Machicado, Humberto et al. Manual de Historia de Bolivia

    Zimmermann Zavala, Augusto. s.f. El Plan Inca, Objetivo: Revolución Peruana. Lima: Empresa editora del diario oficial El Peruano.